Testimonio "DÁROS A LOS DEMÁS SIN MEDIDA"

"Testimonio de mis viajes a Perú"
Mi nombre es Nacho Pereira, tengo 32 años y vivo y trabajo en Madrid. Soy un joven cristiano, y durante mucho tiempo (casi la mitad de mi vida) he vivido mi fe en la Parroquia de San Jerónimo el Real. Ésta parroquia colaboraba con la misión que el Padre Pozzo desarrollaba en Arequipa y que tiene por nombre CIRCA-MAS (Circulos Católicos de Arequipa-Movimiento de Acción Social). La primera vez que fui a Arequipa fue en el año 1998, y fue un poco por azar.
Unos amigos míos habían ido, y me enseñaron unas fotos de su viaje y me contaron un poco de lo que habían hecho, y lo bien que se lo habían pasado. Yo soy muy aventurero, y me gusta colaborar con los demás, así que ¿por que no cruzar el charco? la verdad es que no me preparé mucho, y con las solas ganas de ayudar a los demás me fui allí. La realidad que me encontré distaba mucho de lo que yo me había imaginado en la comodidad de mi casa. Para las mañanas me asignaron la tarea de dar clases de Cómputo (Informática) en unos colegios, pero el ordenador que tenían era un poco jurásico, y poco pude hacer salvo acercar un poco a los chavales a unos aparatos que veían de muy lejos o en la televisión. La diferencia en el léxico, hacía todavía más difícil la comunicación.
Por las tardes, me asignaron uno de los ocho "Sumac-Wasi" (palabra Quechua que significa: Casa bonita), o albergues que tiene CIRCA. En el había unos cuarenta y pico niños de entre 5 y 10 años, huérfanos o de familias sin recursos que ni siquiera podían mantenerlos. Ellos fueron los que dieron sentido a ese viaje y a los que siguieron. Las condiciones en las que estaban no tienen nada que ver con lo que tenemos aquí, y no basta con imaginarlo un momento, sino que hay que vivirlo unos días para saber lo que es.
Al principio, verles con los moquitos colgando, con los problemas de piel que tienen, con la higiene de allí... me daba un poco de repelús, y evitaba el contacto directo, lo cual no me dejaba ayudar ni ser ayudado. Esta situación -gracias a Dios- no duró mucho, y en seguida estuve jugando con ellos, y ayudándoles a hacer los deberes.
El ejemplo de otros voluntarios que ya llevaban allí un tiempo, y que además se habían preparado me fue muy útil. El ponerme en el lugar de "mis niños" y ver en ellos a Dios fue para mi una herramienta utilísima a la hora de ayudar. El ver que no salían del Sumac-Wasi nada más que para ir a clase (el colegio estaba al otro lado del muro), hizo que los voluntarios que estábamos, los fines de semana organizáramos actividades con ellos: fuimos de excursión al campo, al Circo de los Hermanos Fuentes-Gasca, incluso a la piscina.
Son innumerables las anécdotas que he vivido allí y que podría contar, por poner un ejemplo recuerdo con especial cariño el hecho de que siendo allí invierno, al llevarles a la piscina (de agua natural, helada) ni uno dudó un sólo instante en tirarse al agua, y más aún sabiendo que tenían 3 toallas para cuarenta y pico. Cual fue mi sorpresa que al salir del agua todos se tiraban sonriendo al suelo -calentito por el sol que pegaba- casi ignorando las toallas que tenían. Aprendí muchas cosas allí, y de ellos, y una de las más importantes es lo feliz que se puede ser sin tener nada.
Ellos con lo mínimo eran muchísimo más felices que nosotros aquí con muchas más cosas. A este viaje siguieron otros tres más -y los que si Dios quiere seguirán- en los que seguí descubriendo a Dios en la felicidad y alegría de mis niños con todas sus necesidades. Hay una frase super-tópica que la gente no puede saber lo que significa realmente hasta que lo vive: yo creí que iba allí a dar, y al final todo lo que hice fue recibir dones de Dios y de los hombres, y además en muchísima mayor medida de la que yo entregaba.
Me gustaría poder veros la cara, y contaros esto en persona y que vierais la mía y la felicidad que me trae el simple hecho de recordarles.
A quienes leais esto os invito a daros a los demás sin medida, porque tenemos a promesa del ciento por uno ya en la tierra y muchísimo más en el cielo.
